¿Qué como para la ansiedad entre comidas?

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En la cultura de dieta en la que vivimos hemos logrado normalizar muchos comportamientos característicos de trastornos alimenticios y de ansiedad. Uno de ellos, el “tengo hambre todo el día”. Nos parece hasta charro- hacemos chistes, compartimos memes con esta frase, pero lo cierto es que NO TIENES POR QUÉ TENER HAMBRE TODO EL DÍA. Eso no es normal. Hay dos posibles explicaciones: puede que sea un asunto psicológico, que por una de muchas posibles razones piensas todo el día en comida y sientes la necesidad de comer, así no tengas una necesidad fisiológica de comer, o puede que sea que no estas comiendo lo suficiente, entonces de verdad te la pasas con hambre. Porque lo cierto es que, si desayunas y a la hora ya te está sonando el estómago, NO DESAYUNASTE SUFICIENTE. El hambre no es un defecto de carácter, ni un estado de animo, es una señal fisiológica que tu cuerpo utiliza como herramienta para informarte que no tiene suficiente combustible para llevar a cabo sus funciones. Porque tu cuerpo es una maquina altamente especializada muy inteligente, y su principal objetivo es mantenerte vivo.

No es normal desayunar y ya estar con ganas del “snack AM”, o sentarse a trabajar después del almuerzo ya esperando que por fin sea la hora del algo. Si desayunas, almuerzas, y comes lo suficiente para quedar saciado, incluyendo los tres macronutrientes, fibra, y comidas ricas y variadas que de verdad disfrutes, no tienes por qué tener hambre todo el día. No estoy diciendo que no está bien comer “snacks”, eso no es a lo que me refiero. Lo normal es comer cada 3-5 horas, y si te da hambre entre comidas, ¡come! Pero cómete algo de verdad, no algo que te “embolate” el hambre, si no algo que te quite el hambre. Que te nutra. Y ya así puedes dejar de pensar en comida, y tener energía y espacio mental suficiente para hacer lo que tienes que hacer.

Dejemos esa obsesión con querer comer alimentos que no alimenten. De buscar todo con la menor cantidad de calorías posible. ¿Sabes que son las calorías? Energía. Y yo quiero que mi cuerpo tenga toda la energía que necesita para mantenerme saludable, sostenerme a través de todas las cosas que quiero hacer. Entonces si eres de lo que se pasa todo el día con hambre, creo que lo primero que tienes que hacer es analizar qué es lo que estás comiendo, y cuánto. Tomate el trabajo de durante una semana, ser muy consciente de cómo te sientes cuando terminas de desayunar, y luego a la hora y a las dos horas. Si ya te estás sintiendo como con hambre otra vez, entonces al otro día procura comer un poquito más, o un poquito mas de grasas (que son saciadoras, y muchas veces no comemos suficientes por miedo), y haz el mismo ejercicio de ver cómo te sientes. Lo mismo con los snacks, el almuerzo y la comida.

El otro tema es las ganas de comer por comer. A lo que no le deberíamos decir “tengo hambre todo el día”, si no “tengo ganas de comer todo el día”. Aquí pueden jugar dos factores: uno, que no estás comiendo platos ricos y variados, que de verdad te provoquen y disfrutes, entonces quedas saciado pero no satisfecho después de las comidas. O dos, estás usando la comida para lidiar con otras cosas de tu vida, y llenar vacíos.

Lo primero es algo que está completamente bajo tu propio control poder cambiar. La realidad es que la comida no es solo macronutrientes, micronutrientes, y calorías- también es sabores, olores, texturas, gustos, recuerdos. Todas estas cosas entran en juego a la hora de determinar qué tan satisfecho quedas después de comer. Si siempre comes los mismos platos simples y aburridos, la pechuga de pollo, arroz integral y brócoli hervido con una pizca de sal que no te provoca ni cinco pero es lo que crees que deberías comer por X o Y regla que tienes con la comida, no vas a quedar satisfecho. Puede que quedes lleno, puede que estés supliendo tus requerimientos energéticos, pero no vas a quedar satisfecho. Y si siempre comes comidas insatisfactorias, no es tu culpa que sientas ganas de comer todo el día. Porque así no te estén haciendo falta nutrientes específicos o calorías en general, igual te está haciendo falta algo- satisfacción.

Entonces aquí puedes hacer el mismo ejercicio del que ya hablé de observar bien como te sientes después de tus comidas. Pregúntate, ¿Cómo me siento después de comer eso que me acabo de comer? ¿Hay algo que pude haber agregado para hacerlo más agradable? ¿Me lo comí porque estaba escuchando mis señales de hambre y de lo que me provocaba, o porque era lo que podía conseguir más fácil y/o lo que creía que debía comer? Si todavía tengo ganas de comer, ¿es porque todavía tengo hambre, y debería comer algo más? ¿O ya estoy lleno, pero no estoy satisfecho entonces tengo la sensación de querer comer otra cosa pero si lo hago, sé que ya voy a quedar demasiado lleno? ¿Qué puedo hacer diferente la próxima vez?

Por otro lado está comer por ansiedad. No es en vano que sea lo último, porque yo creo que muchas veces lo que creemos que es “hambre de ansiedad”, es en realidad una de las situaciones que ya mencioné. Pero si ya las descartaste, y a pesar de estar comiendo de una manera que honre tu cuerpo, tus señales de hambre, y tus gustos/preferencias/antojos, aún sientes ganas de comer todo el día, lo más probable es si sea algo psicológico en lo que debes trabajar. Lo mejor, siempre, va a ser buscar un profesional con el que te sientas cómodo y con el que puedas trabajar para averiguar qué es lo que en realidad está sucediendo, y cómo lo pueden manejar. Puede que tu ansiedad con la comida sea un reflejo de ansiedad por otro asunto de tu vida, así que hasta no trabajar en eso que estás intentando tapar con comida, no vas a poder sanar tu relación con ella. Y sí es así, no te des palo por querer comer, ni por comer. Tente paciencia, que si la ansiedad por la comida fue el síntoma que identificaste primero, es porque es el más superficial, y los problemas en los que debes trabajar seguro son mucho más profundos, complicados y traumáticos, y cuando estés listo para trabajar en ellos, lo vas a lograr.

También puede ser que simplemente estás aburrido con tu vida en este momento, que no estás haciendo algo que de verdad te llene, o que simplemente estás desocupando todo el día, y comer es lo más fácil y alcanzable que puedes hacer, que además tiene retribución placentera inmediata. Ahí, hay varias cosas que puedes hacer. Busca un hobby nuevo (aprende a pintar, vuelve a empezar a tocar piano, ayuda en una fundación), abre un libro, ve a clase de yoga, haz ejercicios de respiración o medita (ayudas en Google, Youtube, y hay muchas aplicaciones para el celular), llama a una amiga, visita a tus papás o a tus abuelos, camina escuchando un buen Podcast, sal a hacer vueltas, piensa en proyectos nuevos para tu trabajo o personales, escribe cartas para las personas que quieres o para las que no (pueden ser para entregar o solo para ti), organiza tu cuarto/oficina/cartera/closet/escritorio/morral, pregúntale a tu amiga con hijos si quiere que se los cuides un rato, píntate las uñas, hazte una mascarilla, colorea mandalas, ensaya una clase nueva, escribe, haz esa cosa que tienes en tu lista de quehaceres hace meses que te había dado pereza hacer.

Aclaro, cuando hablo de esa “ansiedad por comer”, me refiero a las ganas de comer por comer, ya sea por ansiedad o por aburrición; no a cuando comemos porque estamos tristes y queremos algo reconfortante, o al “comer emocional”. Esas son dos cosas diferentes, porque la primera es crónica, y la segunda aguda. El comer emocional se refiere, por ejemplo, a que veces estamos tristes y comer algo rico nos hace felices, y esa es nuestra manera de lidiar con esa emoción. No está bien ni mal, simplemente es un mecanismo, y en cualquiera de los casos, juzgarnos por ello es contraproducente.

Espero que esto haya sido de ayuda, que te hayas sentido identificado, y que puedas reflexionar acerca de sus comportamientos para identificar dónde encajas, y qué estrategias puedes adoptar para sumar bienestar a tu vida. ¡Feliz lunes, un abrazo!

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