Comida con culpa

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Hacer brownies sin azúcar o harina refinada y decirles “brownies sin culpa” implica que los que sí tienen azúcar y harina refinada son “con culpa,” y creo que ya es hora de que dejemos esa bobada de sentirnos culpables por comernos un brownie. ¿Que si el exceso de azúcar blanca tiene efectos negativos sobre la salud y el gluten le cae muy mal a unas personas? Claro que sí. Y ¿Que si las almendras son muy nutritivas? También, pero ese no es el punto. El punto es que sentirse culpable por comerse algo es perjudicial para la salud, y contraproducente.

 

Dejemos de asociarle frases y pensamientos negativos a la comida. Dejemos de tenerle miedo a la azúcar, mantequilla, la pizza, o lo que sea que esté en tu lista de comida “prohibida”. Dejemos de perpetuar esa idea de que la comida es mala o buena y que el mundo es blanco o negro. Trabajemos, más bien, en arreglar nuestra relación con la comida y con nuestros cuerpos, en tener más autocompasión, y en darnos permiso incondicional de comer. Una alimentación que solo permite comer bajo ciertas condiciones, que solo permite comer comida “sin culpa”, es producto de una mala relación con la comida; y una mala relación con la comida es mala para salud, punto.

 

Además, sentirnos culpables y estresarnos por comer algo que creemos que no debimos haber comido (por cual sea que sea la regla que tenemos que se opone a ese alimento), es contraproducente si de lo que hablamos es de salud. El estrés es un factor que muchas veces subestimamos cuando intentamos tomar medidas para ser “mas saludables”. El cuerpo responde al estrés como a cualquier otro estimulo- desencadenando una serie de reacciones a nivel del sistema endocrino (hormonas) y el sistema nervioso- respuestas que nos pueden hacer almacenar grasa, tener mala digestión, “bajar las defensas”, aumentar el hambre y disminuir las sensaciones de saciedad, entre otros.

 

Entonces no es que no esté de acuerdo con hacer versiones más saludables de las cosas que nos gusta comer que son menos saludables. A mi me encanta comer postres veganos, sin azúcar, sin gluten, etc., etc., etc. Y también me encanta comer helados, y tortas, y galletas con leche y azúcar y mantequilla. El punto es, si quieres comerte un brownie de harina de almendras y Stevia, cómetelo; y si te quieres comer un brownie de harina de trigo y azúcar blanca, cómetelo. Y si no tiene ganas de brownies si no que quieres una ensalada kale, cómetela. Pero entiende que la hamburguesa con queso y tocineta no es más culpable que la de pavo en pan integral. El brownie con Stevia no es moralmente superior al que tiene azúcar. Entiende las características nutricionales de cada uno, sé consciente de cómo te sientes después de comer diferentes alimentos, y luego toma una decisión. Está bien si a veces esa decisión es más influenciada por tu conocimiento de tu cuerpo y lo que te hace sentir bien, y está bien si a veces predomina tu antojo y las ganas de disfrutar cierta experiencia, y de sentirte realmente satisfecho con lo que comiste. Aliméntate desde el amor propio, no desde el odio al cuerpo y el miedo a la comida.

 

Habiendo tantas cosas importantes pasando en el mundo, tantos desastres, tanta violencia, y tantas cosas estresantes en el día a día de cada uno, no tenemos por qué estarnos estresando y sintiéndonos culpables por lo que comemos. Entonces no perpetuemos este tipo de mensajes. No digamos “sin culpa”, “pecaditos”, “sin remordimientos”, así lo digamos sin pensar, solo porque es una expresión. Seamos más conscientes de las implicaciones que tiene este tipo de vocabulario cuando es asociado a la comida, y más responsables con los mensajes (así sean subliminales) que le estamos transmitiendo a las personas. En una sociedad tan empeñada en vendernos cada día más productos libres de (todo, incluyendo) “culpa”, seamos rebeldes y divulguemos un mensaje diferente.